
Nuestra misión es difundir el accionar de la comunidad artística de Mendoza de manera integral en todas sus facetas.
Protagonista

Rodolfo Braceli
PLEGARIA FURIOSA, para las PARTERAS MADRES ABUELAS
Nació en Luján de Cuyo, Mendoza. Desde 1970 vive y trabaja en Buenos Aires. Poeta, ensayista, dramaturgo, narrador, periodista, es autor de una treintena de libros, algunos de ellos traducidos al inglés, francés, italiano, coreano, polaco y quechua. Sus reportajes latinoamericanos se publicaron en nueve idiomas y veintitrés países. Su pieza teatral “Federico García viene a nacer” fue estrenada en Nueva York recientemente, con gran reconocimiento de la crítica especializada. Su libro más cercano, “Células de identidad”, fue declarado de “interés provincial” con el voto unánime de la Cámara de Diputados de la Provincia
– Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia.
¿Qué sería de nosotros si Ellas, las Madres Abuelas, no existieran?
¿Qué quedaría de nosotros si Ellas no hubieran salido
a alumbrar la más eterna de las noches?
¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?
¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas?¿Estaríamos?
– Ellas nacieron para semillar semillas.
Ellas nacieron para resucitar lo desaparecido.
Ellas gritan con el alarido y gritan con el silencio.
Pueden desentenderse del hambre y del frío y del dolor.
Supieron, ellas, convertir a la intemperie en abrigo
y a la desgracia en linterna.
– Fueron la única la luz que atravesó aquella demasiada noche
impuesta por los violadores de la vida y de la muerte.
Aquella demasiada noche en la que hasta
se robaban criaturas / de cuajo / desde la placenta.
Ay, ellas se tutean con el milagro /
pero no esperan que caiga del cielo.
Una de dos: lo hacen o lo hacen, al milagro.
– Si el diablo mete la cola, no importa:
ellas siguen adonde iban.
Si Dios no baja, no importa:
ellas llegarán donde querían.
Ellas van, siempre van:
van cuando van y van cuando regresan.
Van hacia adelante, aunque giren:
ellas son la memoria del círculo.
– Ellas, al miedo, lo dejaron sin uñas sin dientes sin aliento.
Pueden, ellas, mirar la oscuridad sin un temblor,
y pueden mirarlo al sol sin bajarle la mirada.
Tenaces, porfiadas, tercas, / ellas son el templo andante
del último resto de locura que le queda al mundo.
– Salen, ellas, a sacudir a los que se esconden
en la abstinencia, en la distracción,
en el borrón y cuenta nueva.
– Salen, ellas,
a darle vuelta los bolsillos a la mismísima muerte.
– No necesitan brújula, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan sol ni necesitan luna, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan escudos, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan pensar, ¡para eso sus corazones!
– No necesitan armas, para eso, para eso ¡sus corazones!
– Salen, ellas, a cara descubierta,
a buscar una arena en el desierto.
Y la lluvia les baja por pómulos hombros pechos vientres piernas.
Y el sol les seca pómulos hombros pechos vientres piernas.
Y tienen, ellas, olor a sí mismas.
– Pobrecitas y colosales, ellas. / Buscan.
– Desguarnecidas y huracanadas, ellas. / Siguen buscando.
– Impacientes pero con cuánta paciencia, ellas. / No paran, no paran de buscar.
– Llegado el caso
pueden voltear la muralla y cambiar de lugar la pirámide.
Y más todavía:
pueden deletrear el desierto
areeena por areeeena,
deletrearlo hasta encontrar la sílaba,
el rostro de la arenita que buscaban.
Y cuando la encuentran por fin a su arenita
dicen hija mía, hijo mío…
Y nada más dicen,
ya están abrazááándose.
Camino se hace al andar, conciencia se hace al girar.
Si es rueda la Vida, rueda por ellas,
por sus corazones con paciencia.
– Así fue. Así es. Así será.
Pero, ¿por qué, por qué
ni cuando es plena noche a ellas se les apaga el sol?
– Porque saben, ellas, pensar con el instinto.
Porque tienen, ellas, el optimismo de la memoria.
Porque ¡ya basta de acusar a la piedra,
de acusar a la piedra de la pedrada!
– Porque cuando llegue el momento de rajarle el vientre al Apocalipsis
(ese momento llegará, llegará…),
ellas, justamente ellas, serán las que hagan profundo el tajo.
No les temblará el pulso.
Y después del tajo, ellas, desde muy adentro,
le arrancarán una aurora,
al Apocalipsis.
– Entonces, acunarán al nuevo día,
le arrimarán el pezón y le darán de mamar.
Y la Vida no tendrá más remedio que continuar,
¡por ellas, las del vientre! ¡por ellas, esposas de la Vida!
¡por ellas, mujeres de la Vida!
– Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia.
¿Qué quedaría de nosotros si Ellas, las Madres Abuelas,
no hubieran existido?
¿Qué quedaría de nosotros si Ellas no hubieran salido
a alumbrar la más eterna de las noches?
¿Qué hubiera sido de nosotros? ¿Qué? ¡¿Quééé?!
¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas? ¿Estaríamos?
– Sin ellas, los puntos cardinales
no serían cuatro, ni tres, ni dos, ni uno, ni nada.
Sin ellas, esta olvidadiza patria idolatrada,
sería un definitivo agujero con forma de mapa.
Sin ellas, de tanto tocar y tocar y tocar fondo
¡hubiéramos desfondado el abismo!!!
Esta versión celebra los 116 nietos renacidos y está basada en fragmentos de su libro
“Madre argentina hay una sola”.
PARA CONTACTO:
Rodolfo Braceli





